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Deustches Theater de Berlín visita Méxicon con su versión de La Orestiada de Esquilo



Esteban Montes Miranda



              Un vigía espera desde lo alto del palacio de los Atridas, en Argos, la señal de una antorcha que, de mano en mano, será traída desde la lejana Troya, como anuncio certero de la conquista de ese reino a manos de Menelao y de su hermano Agamenón, esposo de Clitemnestra; mujer desesperada que aguarda dentro del palacio, con insaciable sed de venganza el retorno al hogar de su marido, asesino impune que entregado a una ambición ilimitada de poder y triunfo, cometió el asesinato de su propia hija como sacrificio propiciatorio para ganar la guerra. 

              Con estas antorchas que son como un eco funesto del crimen que se multiplica en ondas concéntricas, con la fuerza de una inercia irrefrenable activada por los actos de los hombres y cuyas consecuencias no se detendrán hasta alcanzar la destrucción de los transgresores que los perpetraron, da inicio Agamenón, la primera tragedia que forma parte de la trilogía de Orestes de Esquilo.

              La Orestiada se presentará los días domingo cinco y lunes seis de octubre en el teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, en el marco del 36º Festival Internacional Cervantino, con el apoyo del Goethe-Institut Mexiko, el Patronato de la Industria Alemana para la Cultura A.C., y la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, en versión del Deustches Theater de Berlín, dirigida por Michael Thalheimer, de quien hace un par de años el público mexicano pudo disfrutar su puesta en escena de la obra clásica del romanticismo alemán, Emilia Galotti, del dramaturgo Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781).

              En Emilia Galotti, pudimos observar algunas de las características que definen el peculiar estilo de este creador escénico, quien con aquella puesta en escena consolidara su presencia en los escenarios europeos: una esencialización profunda, tanto en el texto como en el trabajo de los actores, a través de un ejercicio de síntesis extrema, donde los conflictos se expresan en un trazo escénico que prescinde de cualquier rasgo anecdótico, forzando a los actores a una gestualidad minimalista, sumamente acotada y precisa, detallada y sutil, donde las fuerzas en conflicto se traducen en acciones mínimas como una mirada, una mano que se contrae, un beso, una caricia, o en el constante ir y venir de los personajes a través de una especie de pasarela sin sentido, al compás de un de vals exhaustivo que no cesa de reiterarse, estableciendo un juego simbólico conmovedor, que consigue transmitir con enrome claridad el tema que se esconde en el fondo de la acción planteada.

              En el caso de La Orestiada, la actriz Constanze Becker, quien interpreta a Clitemnestra en el montaje de Thalheimer, comentó en entrevista telefónica, que encontraremos varios de estos elementos comunes al estilo del director alemán: un elemento simbólico central, que en este caso se encuentra representado por la sangre, que no cumple una función anecdótica dentro del montaje, sino que busca sustituir todo el material mitológico en que se encuentra inmersa la acción de la obra, volviéndose una referencia concreta y esencial acerca de la venganza como obligatoriedad heredada a los personajes, no como expresión de una abstracta voluntad divina, sino como herencia concreta de la propia voluntad humana, subrayando su función como elemento ritual.

              El trabajo actoral, de nueva cuenta se encuentra fuertemente acotado, en este caso por la utilización de un enorme muro de madera que deja a los personajes en una posición de acorralamiento, ubicados de manera frontal y directa frente a los espectadores, sin posibilidad de establecer comunicación entre ellos, ya que únicamente recibirán la réplica del coro que se ubica atrás del público que los observa.

              Becker comentó que en el montaje original en la sede del Deutsches Theater, el coro esta integrado por cuarenta actores, pero en la versión que se estrenará en nuestro país, se contará con un coro sintetizado, que consta únicamente de un solo actor; en cualquiera de los dos casos, las intervenciones del coro se reducen a expresar de manera reiterativa unas cuántas palabras que delimitan con precisión el conflicto de los personajes: ”actúa, sufre, aprende“, centrando la acción en la responsabilidad que cada personaje tiene en todo cuanto ocurre.

              La adaptación del drama de Esquilo que Thalheimer eligió para su montaje, es obra del dramaturgo y director alemán Peter Stein, uno de los más importantes directores europeos del siglo XX, y de acuerdo con Becker, en ella las dos primeras partes de la trilogía, Agamenón y Las coéforas, no sufrieron modificaciones radicales.

              En Las euménides, tragedia que concluye la trilogía, Orestes, luego de asesinar a su madre Clitemnestra, mientras clama desesperado por el perdón de los dioses abrazado a los pies de la estatua de Atenea, se queda dormido y en sueños, de manera fantástica, recibe la ayuda de unos sospechosos dioses bienhechores, que realizan un juicio en el que presuntamente lo liberan de toda culpa...

              En este caso, de acuerdo con Constanze Becker, en la versión de Stein, para concluir la trilogía, prescinde de la aparición de los dioses y deja al personaje inerme ante las consecuencias de sus actos: Orestes no tiene alternativa, no hay redención posible, no hay salvación. En este sentido, aclaró, la obra mantiene una enorme actualidad, cuestionándose acerca de la existencia de la justicia en un mundo donde impera la violencia.

              La versión que presenta Thalheimer de La Orestiada, tiene una duración que no llega a las dos horas, reduciendo la acción a aproximadamente 100 minutos, contando con la presencia de un total de ocho actores, incluyendo al coro, más un músico en escena.

              Por su parte, Oliver Reese, ”dramaturgista“ del Deustches Theater, comentó que la propuesta escénica emplea elementos clásicos, reinterpretados a través de una visión contemporánea. Así mientras en el maquillaje se marcan ciertas reminiscencias a las máscaras griegas, el vestuario busca establecer la dimensión cotidiana y humana de los personajes, ubicándolos en una actualidad indefinida, a través de la utilización de ropa claramente identificable por el espectador contemporáneo.

              Asimismo, la escenografía genera una sensación monumental, que se liga tanto a una referencia específica a los palacios griegos, como a una función simbólica: los personajes inermes ante lo descomunal de sus propios actos, en un juego en que se expresa tanto el exterior del palacio, como el interior de la vida de los personajes. En este juego, de manera fundamental interviene la presencia del espectador, ya que estas paredes, al menos en la sede del Deustches Theater, literalmente invaden el espacio de la sala, pues están colocadas en la cuarta fila lo que, aunado a la presencia del coro a espaldas del público, completa la sensación de agobio de los personajes, que el espectador experimenta en carne propia, pues efectivamente se encuentra cercado.

              Reese, continuando con su explicación acerca de la síntesis entre lo clásico y lo contemporáneo que Thalheimer establece en su montaje, señaló el importante papel de la música que es interpretada en vivo por el guitarrista finlandés Kale Kalima, reconocido jazzista, quien retoma temas conocidos de la música pop, reinterpretándolos para subrayar de manera irónica la acción de la obra.

              Cabe mencionar que este montaje de La Orestiada formó parte de un ciclo de tragedias griegas programado por el Deustches Theater de Berlín en su temporada 2006-2007, bajo el título de Comienzos, en donde también se presentaron Los persas de Esquilo, dirigida por Dimiter Gotscheff y Medea de Eurípides, dirigida por Barbara Frey.

              A partir del año 2001, con el mencionado montaje de Emilia Galotti, Michael Thalheimer es el director del Deustches Theater de Berlín, compañía fundada en 1883, y que a lo largo de su devenir ha contado con la dirección de importantes creadores escénicos como Max Reinhardt (director de la clásica puesta en escena para cine de Sueño de una noche de verano, en la que debutara el joven Mickey Rooney en el papel del Puk) y Otto Brahm. 

              Lamentablemente, aunque originalmente se tenía prevista su presencia en nuestro país, en esta ocasión no acudirá a la presentación de la obra el director Michael Thalheimer, debido a múltiples compromisos contraídos, en gran medida porque la sede del Deustches Theater se encuentra en proceso de remodelación, por lo que la compañía se encuentra en busca de espacios alternos para continuar con sus actividades.

              Por otro lado, dentro de las actividades del Festival Cervantino en la ciudad de Guanajuato, se contará con la presentación de una Conferencia Magistral a cargo de la actriz Constanze Becker, quien mencionó que aunque es la primera vez que trabaja con este importante director, mantiene muchas afinidades en cuanto a la concepción de lo que es el teatro y el trabajo del actor. Para información acerca de fechas y horarios de las actividades complementarias, se puede consultar la programación general del Festival, en la página del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes: www.conaculta.gob.mx

              Como hemos podido constatar en su visita anterior, Michael Thalheimer es un creador escénico de enorme calidad, cuyos planteamientos estilísticos resultan sumamente interesantes, considerando su especial acento en el trabajo del actor, al tiempo que consigue vincularlo a una propuesta espectacular poderosa y conmovedora.

              Por lo tanto, su presencia en nuestro país, tanto para el público en general, como para los creadores escénicos en particular, constituye una oportunidad inapreciable de conocer la riqueza del teatro de otras latitudes, permitiéndonos un reconocimiento de sus propuestas y resultados, así como la posibilidad de generar una importante reflexión acerca de nuestro propio quehacer, sus aciertos, dificultades y, por que no, una necesaria autocrítica acerca de sus deficiencias. Enhorabuena. 


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