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”En el teatro busco respuestas al sin sentido de la violencia“: Alejandro Román Bahena
Cortesía Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
QUERÉTARO.- La reflexión en torno a la violencia ha teñido de rojo al país… Eso piensa Alejandro Román Bahena, cuya obra La paz violenta, obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia 2007, convocado por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.
El jurado de este concurso estuvo integrado por Francine A'Ness, Fernando de Ita y Luis Enrique Gutiérrez, quienes reconocieron el trabajo de Roman Bahena, ”Porque su acercamiento a la violencia del narcotráfico tiene un aliento lírico que humaniza el horror que se vive en tierra caliente“.
Entrevistado al respecto, el dramaturgo originario de Cuernavaca, Morelos, refirió que desde hace año y medio está trabajando en una serie sobre este tema ”que no sé cuando voy a acabar - dice-. Me seducen mucho esos micro universos, los blindajes culturales que hay en esos pueblos que escapan a toda la influencia de las ciudades, pues aunque sus influencias sean las de los migrantes que van a Estados Unidos y regresan, hay un sincretismo que ellos adoptan de acuerdo a sus costumbres“.
Alejandro ha obtenido varios reconocimientos a su trabajo; este año ganó tres premios nacionales de dramaturgia, entre ellos el Fernando Sánchez Mayans que otorga el Gobierno de Campeche con la obra La misa del gallo, que trata sobre los conflictos de los maestros en Oaxaca, la muerte de Valentín Elizalde el Gallo de Oro y el crimen organizado.
Cielo rojo, obra que se presentó en la pasada Muestra Nacional de Teatro en Zacatecas, es un grito de voces desde las entrañas del México profundo.
En mayo ganó el Premio Nacional de Dramaturgia Oscar Liera, convocado en Sinaloa, con una obra que narra acontecimientos de violencia en la costa grande, en el estado de Guerrero, donde la lucha de los cárteles mantiene un fuego cruzado.
El también autor de Master Card, acaba de terminar Viento del norte que trata sobre la región conocida como el Triángulo dorado, donde confluyen los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, donde el narcotráfico es una de las piedras angulares de la economía.
”Escribo mucho -comentó el entrevistado-, desde los dieciocho años y recibir un premio o una mención de honor, es un estímulo para seguir creando. Escribir es un reto para seguir buscando la obra, la que se arriesgue más, la que logre otros esquemas de estructura y lenguaje. Cuando el trabajo se somete a un cierto jurado y éste legitima que la búsqueda tiene aciertos, es el mejor indicio de que algo anda bien, es como un parámetro para saber hacia dónde va tu creación“.
- ¿Por qué elegiste el teatro?
- ¿Acaso hay otra cosa en el mundo para no volverse loco? Respondió en tono de broma, pero ya en serio señaló: ”Son esas decisiones importantes que tiene uno en la vida. Es un camino muy difícil, árido, lleno de tropiezos, encuentros y desencuentros, pero al final de cuentas se descubre que vale mucho la pena. Antes que cualquier cosa me asumo como dramaturgo, para mi escribir teatro es un acto de fe, una manera de reflexionar sobre el mundo, mi entorno social“.
Al abundar en este punto, Alejandro aclaró que el teatro que escribe es social, ”apela a la reflexión sobre conflictos que hieren o laceran nuestro cuerpo social, hablo de un México que no es el de La Condesa o de las colonias bonitas, sino de Tepito, de los capos de la piratería. Algunas personas dicen que es de la nota roja, pero ese México rojo es parte de nuestra realidad y el teatro siempre es ese espejo donde uno convierte la realidad en metáfora y es importante para encontrar respuestas al sin sentido de la violencia“.
En cuanto a sus influencias mencionó: ”En Cuernavaca tuve mis primeros tropiezos dramatúgicos en un taller con el maestro Felipe Santander. Estuve algunos años en el taller del maestro Hugo Argüelles en el Centro Nacional de las Artes, en la ciudad de México y de un tiempo acá la mayor influencia son las lecturas de los autores a los admiro, como Jesús González Dávila, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, Sergio Magaña, Víctor Hugo Rascón Banda. Desde luego, como gente de teatro reconozco el trabajo de maestros como Emilio Carballido y Sabina Berman. Pienso que es necesario reconocer las voces del país, porque para ser universal primero hay que ser local, hablar de lo que pasa en la colonia donde uno vive, para poder entender el conflicto y el drama“, puntualizó.
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