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Entrevista al director Mauricio Jiménez



El Teatro como un compromiso de vida

(Primera de dos partes)



Esteban Montes.

Transcripción: Alberto Ruiz

          




La inteligencia y la sensibilidad, tanto como el sentido común, son valores que imaginamos propios de todo creador escénico. Sin embargo, en la actualidad, resultan tristemente menos comunes de lo que uno podría esperar, casi excepcionales, en un medio teatral marcado por la vanagloria, la superficialidad y un deliberado regodeo en la complacencia y la frivolidad.          


Una excepción, dentro de este panorama gris de la escena nacional, es la intensa y prolífica labor que realiza Mauricio Jiménez (Cuautla, 19  ), dentro de la que se cuentan montajes como Lo que cala son los filos, Volpone o el zorro, Los niños de Morelia, El asesino entre nosotros y -recientemente- con la Compañía Nacional de Teatro, uno de lo montajes más brillantes de las últimas temporadas, Estado de secreto de Rodolfo Usigli, que pone en evidencia la enorme actualidad del pensamiento y la fuerza dramática del escritor mexicano que, con una visión prometeica, describió en 1935 el futuro de la clase política mexicana que, lamentablemente, ahora nos gobierna.



A continuación presentamos un poco del pensamiento vivo de este director, a través de una entrevista que en dos partes, donde Jiménez da cuenta de su visión del teatro, de su proceso creativo, así como de sus próximos proyectos. 


¿Qué es para ti el Teatro?



Bueno, es una manera de expresarse, es un lenguaje, es una profesión, es un arte; es una de las bellas artes, es una carrera, es un compromiso y cuando te vas adentrando en ello, pues se vuelve la vida. Tú no puedes dejar de pensar en el escenario, de pensar en la ficción; aun al estar viendo la realidad, hay que dividirla claramente, siempre robas de la realidad para poder expresarte en el escenario, en el teatro. Y es un privilegio, es un punto de reunión de la humanidad para descubrir quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos; aunque no lo descubramos, el solo hecho de juntarnos, de ver a un ser vivo enfrente que representa a alguien que padece, que vive, que sufre, que es feliz o que está a punto de morir, es suficiente porque el ser humano necesita sus puntos de reflexión. Es la arquitectura que ha generado la humanidad para reunirnos, para decirnos algo importante.



También ha sido menoscabada y conculcada con basura y mierda comercial, pero la esencia sigue viva; hay la presencia de un ser vivo que quiere decirnos algo importante y otro que está sentado esperando y reflexionando lo que se le dice.



Para mí el teatro es lo esencial en la existencia, es parte de mi ser, es la representación del mundo. Y por eso tantas veces se le roba nomenclatura al hecho escénico para hablarnos de la realidad. El teatro de los hechos, las acciones, la representación, el acto que sucedió en tal parte. El protagónico, el antagónico, la anagnórisis, el hibris y todas estas cosas que los políticos y los pinches criminalistas saben apropiarse perfectamente para hablar de los hechos de la realidad.



Sí, el Teatro es vida, el Teatro es esencia, es locura y es eso: una parte fundamental de la existencia.



¿Cómo concibes tu trabajo como director de escena?



En principio, siempre hay una necesidad de decir. Todo el ser humano tiene esa necesidad de expresarse, aunque sea muy tímido. Y en este caso del teatro, lo que vemos es una exposición muy grave, muy seria, donde tienes que meditar claramente lo que tienes qué hacer. Al principio, tu obnubilación y tu fascinación e hipnosis por el hecho escénico, te atrapa. Después vas reflexionando y las cosas se van decantando de manera más prudente o circunspecta, en el caso de que haya inteligencia; no es mi caso. En mi caso, las cosas han ido de mal en peor. Yo he enloquecido o he tratado de enloquecer y no he podido; entonces intento todo el tiempo llegar a subsumirme en un universo que es intangible y que es inefable, a veces. Entonces ahí está el proyecto, ahí es donde tengo amparada mi proyección como hacedor de teatro al futuro.



En cuanto a la relación que estableces con el actor ¿Qué te interesa de su trabajo?



En principio una coincidencia, una admiración por su capacidad para poder transmitir un universo; y ese mundo, ese río subyacente que siempre emerge cuando vemos a un gran actor. Una sola mirada, un solo gesto, un movimiento, hace trepidar al otro cuando hay esencia, cuando hay qué decir, cuando ha descubierto qué decir, cuando tiene temas qué decir. Y eso me fascina y lo busco todo el tiempo. No hago casting. Lo que yo hago: no busco repartos por pedacitos, sino que voy a las obras a descubrir con la gente que me gustaría trabajar y ver si existe alguna coincidencia. A veces en la vida real no tenemos nada que hacer mas que hablar de teatro en el escenario y entonces bueno, está muy bien. No necesito tener amigos si tenemos grandes actores y grandes actrices con las que podamos compartir. Es difícil, es una labor muy difícil porque se mezcla todo lo que implica la vida: el dinero, el tiempo, las fobias, las filias. Y en este caso, el trabajo con el actor tiene que tener cuatro puntos elementales resueltos: qué decir, porqué decirlo, cómo decirlo, y el fundamental, con quién decirlo, en este caso, los actores.



Ludwik Margules, en una de las últimas platicas que dio, hablaba de que él pensaba que el director tenía que convocar a un grupo; que él creía en la militancia y que crear un grupo era difícil. Hablaba de Kantor, mencionaba que los actores lo detestaban en la vida pero que lo amaban en el escenario. Que se volvía casi una vida familiar. ¿Tú qué opinas de eso?



Creo que también los tiempos han cambiado. Es esencial lo que sucede en ese momento en el mundo. Los teatros de grupo se han ido atomizando por una carcoma brutal que es el dinero, que es la fama. Por ejemplo, en Europa, en Estados Unidos, en Nueva York o aun en lugares menos desarrollados, por ejemplo en Colombia, un actor no necesariamente tiene que hacer televisión o cine para ser reconocido y para vivir bien de lo que hace. En Alemania, por ejemplo, un actor no necesita hacer pendejadas en televisión para sobrellevar la vida, es reconocido. Hay diez revistas en Inglaterra, hay diez revistas en cada uno de esos los lugares para hablar del teatro, es decir, tiene un lugar significativo; absolutamente apreciado, respetado. Cosa que no sucede en México. En México tiene que haber una especie de transición por la televisión, el radio y de ahí al teatro. Y luego creen que lo pueden hacer todos. Y bueno, nos han mal educado los grandes actores, las grandes actrices, nos han maleducado pues ellos pueden hacer esta transición porque tuvieron una formación muy fuerte y muy clara. Y ellas sí han podido transitar sin manchar su plumaje del escenario más experimental y más puro, más cultural, a la basura más estúpida e insana que puede haber en la televisión. Y regresan con mucha donosura, con mucha tranquilidad, pero como ellas lo pueden hacer, han mal educado a las otras generaciones que no pueden hacer semejante cosa, que embarran todo. Que no sabemos de qué carajo nos están hablando, ni nos importa de qué nos estén hablando. Lo único que ven es fama, relumbrón y cosas que ya sabemos a dónde van.



Creo que es importantísimo gestar y generar, sí, una vertiente mucho más moral, mucho más equilibrada. Moral no me refiero a mojigata. Moral me refiero a algo muy estricto, moral, me refiero a algo nuevo. La nueva moralidad; por supuesto, gracias a que la sociedad en México ha ido en avance, permite, por ejemplo, que haya casamiento entre homosexuales. Esa es una nueva moralidad, es una propuesta de nueva moral. Ese hecho va a transformar; y transforma inmediatamente la manera de ver la vida.



Un grupo te permite, de alguna manera, ir creciendo, eso es una ley. Stanislavski lo decía: ”No hay mejor escuela para un actor que una compañía“. Es donde te vas a ir dando cuenta cómo vas creciendo y cómo te vas desarrollando.



Y el otro axioma: hay actores en formación y actores en deformación. Y no hay mejor cobijo para entender esto que una compañía, que es lo más difícil de hacer. Pero, por supuesto, sí tiene que ser una militancia, sí tiene que ver con una convicción del hecho escénico, de ver la vida en el escenario.



Mencionabas en una entrevista anterior que, últimamente te interesan las estructuras, es decir, que antes explorabas y explorabas y que ahora tu idea es un poco...



Sí, es mucho más práctica. Hay cosas menos desviadas, menos retardadas, porque la experimentación no puede ser eterna. Yo a veces tardaba hasta dos años para montar algo, y eso fue afianzando también un proyecto, y eso fue importante en un momento. Pero creo que estamos en un momento de emergencia, como bien se señala, tiene que haber reflejos vivos, reflejos animados, para poder hablar de lo que nos está aconteciendo. Y como bien sabemos, el devenir de la vida y el discurrir del tiempo va a una velocidad que no podemos, de ninguna manera, alcanzar, mínimamente saber; la cuestión es lograr que se entienda que somos parte de ese pensamiento y que podemos estructurarlo de una manera en un lenguaje específico, hablando de un tiempo y un momento, de lo que es la existencia, por ejemplo, de la humanidad de este territorio llamado México. Hablamos de cosas siniestras como son: los asesinatos de las mujeres en este país, no como una denuncia policial sino como una denuncia de existencia ¿Por qué tiene derecho el otro a asesinar a un ser humano? ¿Por qué se arroga semejante derecho? ¿Bajo qué condiciones se da? Vivimos en un país, ¡ni modo!, patas pa’rriba, desecho, a punto de desmoronarse. Donde las instituciones permiten pendejadas como dejar o exonerar a un archirrecontraculpable, a un villano de melodrama, de pacotilla como es un ”gober“ que le llaman así; ¡gober! Ni siquiera el título de gobernador. Pero esa es la política. La vida es otra cosa, la vida también tiene que tener un reflejo inmediato; y para eso están grandes autores y muy buenos autores en México. Para hablar de esa existencia y de cómo hemos padecido y cómo hemos gozado esa existencia. Y bajo esa férula he trabajado con mayor practicidad, con esquemas incluso, como es la comedia, como es la farsa, en este caso, por ejemplo, el trabajo que acabamos de concluir en ”Estado de secreto“. No nos llevó más de un mes y medio para montarlo, lo cual habla de una facultad por parte de la Compañía Nacional de Teatro y de mi parte, de practicidad para poder llevar a escena un hecho tan grande, de tan gran aliento con tantos actores; quiero decir que los reflejos, en ese caso, están funcionando. Pero sobre todo, el discurso de Usigli que, escrito en 1935, sigue siendo vigente, que avizoró el futuro y señaló claramente cuáles eran los vicios de esa clase política que nos gobierna actualmente. Y lo vemos reflejado y no lo podemos creer. Parece un pinche pasquín denunciante y de hace tres días.



Continuará…



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