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Quidam

Un viaje en claroscuros al mundo fantástico




Jorge A. Caballero Vega

          





CIUDAD de MÉXICO.- La visita del Cirque du Soleil a México por estas fechas se ha vuelto una tradición desde hace varios años. Para los mexicanos, este suceso, representa una buena oportunidad para disfrutar espectáculos de calidad y de proyección internacional. En esta ocasión han traído Quidam.



Según la crítica, esta producción es extraordinaria en el sentido de que se aparta de los cánones con que suele trabajar el Cirque du Soleil, los cuales se basan en los conceptos de alegría, felicidad y magia. En Quidam, las fuerzas oscuras se mezclan con mundos mágicos,  de tal modo que tratan de reflejar los miedos e imperfecciones que todas las personas padecen.



Sin duda, Quidam es una producción ”extraordinaria“ porque logra conmover a los espectadores desde el momento en que comienza, hasta el final. Por otra parte, consideramos que el Cirque du Soleil no se aparta de los conceptos estéticos que maneja con frecuencia. Por ejemplo, en Quidam encontramos música, vestuario y tipo de actuación similares a las de sus otras producciones. En este espectáculo también juegan con los conceptos de magia, alegría y felicidad, expuestos mediante una estructura dramática denominada tragicomedia, la cual, suele plantear mundos mágicos y oscuros.



Cirque du Soleil se ha caracterizado por renovar el concepto del circo tradicional. Para ello, procura incluir elementos teatrales en cada uno de sus espectáculos. De esta manera, encontramos una dramaturgia que tiene como objetivo justificar la presencia y el desarrollo de los números circenses que componen el programa.



Quidam se basa en la historia de Zoe, quien es una muchacha joven que padece tristeza y no hace caso a sus padres. Para evadir esa realidad, Zoe construye en su mente mundos imaginarios. Todo, dentro de esa fantasía, parece marchar sin novedad... de repente, un Quidam hace acto de presencia... Quidam, significa un fulano, un transeúnte anónimo, una persona que pasa aprisa o un ser perdido entre la multitud. Ese ”fulano“ se encuentra frente a Zoe... luce extraño... no tiene cabeza, viste una gabardina brillante, porta un paraguas abierto en la mano derecha y trae puesto un bombín de color morado. Zoe piensa que le hará daño; sin embargo sucede todo lo contrario, pues Quidam viene en plan amistoso. Él tiene la intención de ofrecerle a Zoe su bombín morado, el cual representa la llave de entrada a los mundos mágicos que ella debe conocer, si quiere mejorar su estado de ánimo.



La historia de Zoe se basa en una estructura tragicómica. La tragicomedia, en términos generales, es un género dramático que plantea mundos mitológicos, en donde habitan personajes que tienen características sobrehumanas y son arquetipos que representan la vida. El personaje tragicómico porta la investidura de un héroe de la talla como Marco Polo, Odiseo, etc.; se lanza a la aventura porque tiene como objetivo llegar a una meta determinada que le brindará un aprendizaje vital. Para alcanzarla, tendrá que sortear varios obstáculos



Zoe, al igual que esos héroes, se lanza a la aventura en un mundo desconocido, pues tiene la misión de volver a comprender, pronto, el valor del amor, con el cual podrá despojarse del sentimiento de tristeza que la invade y mejorar su relación tanto con sus padres como con su entorno. La incursión dentro de este mundo mágico y misterioso nos recuerda, por ejemplo, al de la Historia sin fin de Michael Ende, al de Peer Gynt de Henrik Ibsen, o al mundo de El pájaro azul de Maeterlinck.



En Quidam hay pasajes oscuros y claros; sus personajes tienen piel extraña, peinados y vestuarios estrafalarios. Cada uno de ellos manipula objetos curiosos y son capaces de hacer prodigios con sus cuerpos como por ejemplo, volar por los aires, desafiar a la gravedad, deformar su cuerpo para elaborar figuras, etc. Estos personajes, son encarnados por acróbatas, malabaristas, contorsionistas, equilibristas y clowns. Cada uno de ellos representa un arquetipo, de esta manera, los que hacen acrobacias aéreas en un aro, representan la ternura; las malabaristas chinas que ejecutan suertes con unos diábolos, la simpatía; la mujer que realiza acrobacias apoyándose sobre unas barras de metal, encarna a la maldad, etc.



Pese a todo esto, la experiencia tragicómica no es eficaz, pues la relación entre Zoe y los personajes mitológicos (los ejecutantes de las diversas rutinas) es distante. Pareciera que la línea de Zoe va por un lado y la presencia de los demás personajes por otro. Ninguno se involucra del todo entre sí. Zoe funge como testigo de una rutina determinada y al final de ésta, por medio de una canción, comunica a la audiencia lo que sintió y lo que el personaje le dijo.



No vemos el momento concreto en que Zoe debe sortear los obstáculos que le impiden llegar a su meta, sólo los menciona. Estas circunstancias provocan que la sensación tragicómica se debilite. Los espectadores sólo experimentan emociones que son generadas, en gran parte, por la música y la complejidad de las rutinas circenses; cuando la situación es tensa, la música adquiere un ritmo violento; pero si la situación es etérea, la música se vuelve suave.



Zoe concluye su viaje y vuelve a casa con sus padres. Ahora parece una muchacha feliz... sin embargo, esa alegría se expresa a medias. Si la experiencia tragicómica fuera certera, el público abandonaría la carpa con muchas ganas de apreciar con detalle todo lo que le rodea; sentiría deseos por amar a todas personas; además cuestionaría su visión del amor y lo que hace para cultivarlo.



En Quidam, la estructura tragicómica sólo está esbozada, pues lo más importante son las rutinas circenses, no el desarrollo dramático. Esto es obvio, puesto que el elemento principal es el circo. Sin embargo, en esos casos, el Cirque du Soleil debería tener más cuidado al manejar la fusión entre teatro y circo, pues tanto uno como el otro tienen sus propias reglas. No por el simple hecho de construir una historia que adorne el espectáculo, significa que ya contiene elementos teatrales. Si este circo aboga por incluir al teatro dentro de sus espectáculos, debería seguir las reglas que el teatro tiene.



Entonces, surge una pregunta: ¿Cuál sería el objetivo de envolver los números circenses dentro de una estructura dramática? No sólo tendría que ver con el hecho de justificar la presencia de los números que componen el programa, sino también, porque buscan introducir al espectador dentro de una ficción. Es innegable que en Quidam los espectadores logran involucrarse dentro de la ficción planteada. Sin embargo, sucede que, en varias ocasiones, la abandonan, pues no dejan de advertir el peligro real al que se ven expuestos, por ejemplo, los acróbatas que hacen su rutina a muchos metros de distancia del suelo. En Quidam, esa es otra circunstancia que estorba a la eficacia del efecto tragicómico. Resulta imposible adentrarse en un mundo fantástico, cuando advertimos que el ejecutante, en todo momento, está en riesgo mortal... Ahí, encontramos la esencia del circo.



Quidam está conformado por rutinas que generalmente componen una exhibición de circo: la rueda alemana; malabares con diábolos, pelotas y aros; saltos con cuerdas; acrobacias aéreas y de piso; contorsionismo; equilibrismo y sketches de clown. Todos estos actos van acompañados de música, baile y canto; además tienen el propósito de mostrar hazañas que las personas comunes y corrientes no podrían hacer. Para ello, los ejecutantes se juegan la vida.



Cirque du Soleil se caracteriza también por la perfección técnica de sus ejecutantes. El entrenamiento que sus artistas llevan es sumamente riguroso; pero al final, el resultado es magnífico. Eso se nota en el asombro que logran generar en el público cuando ejecutan su acto. No hay ningún error. Todo es preciso: las entradas, las salidas, el desarrollo del número... Bajo esa circunstancia se genera la magia con la que el Cirque du Soleil trabaja. Tan perfecta es la actuación de los ejecutantes que el público queda hipnotizado. Por varios momentos largos la audiencia se olvida de que el acróbata o el malabarista están en peligro de morir. Pese a que los ejecutantes están concentrados en el desarrollo de sus números, establecen una comunicación con el público.



La presencia de los clowns dentro del circo es importante; digamos que son el plato fuerte en una presentación; sin ellos, el circo no es circo. En Quidam las intervenciones de los clowns están por debajo del nivel de perfección que predomina en este espectáculo; además es muy esporádica su presencia. Los clowns no aplican ni siquiera lo elemental del principio de diálogo que consiste en expresar todo frente al público, es decir no hay ningún diálogo con el espectador; la presencia de la técnica de clown es nula; los ”sketches“ carecen de una dramaturgia básica. Estos defectos se notan, sobre todo, en la actuación de un trío de clowns. Parece como si su participación sirviera sólo para adornar uno de los mundos que Zoe visita. En ellos, encontramos todas las características que un payaso no debe hacer. Su rutina no se basa en un carácter, sino en la idea de lo que consideran gracioso, razón por la cual su actuación se ve amanerada; se nota que están tratando de seguir una fórmula bien establecida para obtener la risa del público. Además, sus caras tienen demasiado maquillaje; visten zapatos grandes, ropa holgada y estrafalaria; realizan juegos con sonidos y hablan con voz chillona; y para rematar este cuadro, emplean artefactos con truco; por ejemplo, vemos a un hombre que se hace grande y pequeño; un telescopio del que brota el ojo del observador; una silla que se desplaza por voluntad propia... No está mal el uso de esos artefactos; sin embargo, su empleo debería estar supeditado al desarrollo de un carácter, es éste quien decide sobre esos objetos, no al revés. La intervención de estos tres payasos no dura más de diez minutos. Con eso nos basta. Después de haberlos visto sobre la pista, uno como espectador no desea que vuelvan a aparecer.



De todos los clowns en Quidam, sólo uno se salva. Ese es el clown ”John“. Lamentablemente no tiene muchas intervenciones durante el espectáculo. John, hace el papel de guía de Zoe a lo largo de estos mundos. Ejecuta breves rutinas cómicas malabareando aros, pelotas y una base de micrófono. La comunicación que ”John“ establece con el público genera una complicidad que se vuelve entrañable. Técnicamente es correcto y las rutinas que ejecuta son precisas; sin embargo hay algo que no concuerda con su carácter: el vestuario que porta. Da la impresión que es impuesto. Viste un traje azul – morado con un moño pequeño y en la cabeza tiene un pequeño mechón de cabello. Tiene la cara pintada de blanco.



Quidam es un espectáculo que brinda momentos agradables; es para todas las edades. No se lo pierda. Todavía está en cartelera. Quidam del Cirque du Soleil se presenta en la carpa Santa Fe. Consulte la cartelera.


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