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LUZ INTERMITENTE
El amor en tiempos del cólera
Esteban Montes
(…) (el) método de lo ”infundado“ (…) se caracteriza por
la incapacidad para diferenciar lo útil y necesario, aun
cuando conviva incluso con lo nocivo.“
Sobre cine y literatura. Eisenstein Cinematismo p. 12
luzintermitente@apeironmagazine.com
Es un lugar común hablar de la imposibilidad de adaptar al cine las novelas de Gabriel García Márquez por la enorme complejidad y exhuberancia de los universos que el autor colombiano construye.
En realidad, se trata del problema general que enfrenta la adaptación de cualquier gran obra maestra de la literatura y, aunque no existen recetas, es posible encontrar ejemplos extraordinarios en los que ciertos guionistas y directores han sabido comprender con eficacia y claridad, cuál es el punto de vista adecuado para seleccionar, dentro del material de la novela de referencia, los elementos que se vuelven potencialmente susceptibles de ser llevados al lenguaje cinematográfico, por el poder evocativo que palabras y estructura narrativa poseen como valor metafórico de trasposición en términos de imagen.
En este sentido, toda adaptación cinematográfica eficaz, requiere necesariamente trascender los aspectos meramente ilustrativos, el esbozo anecdótico y superficial de la novela de referencia; comprender los elementos esenciales que la construyen, en la indagación de los medios y modos de construcción de la ficción narrativa, para explotar las posibilidades de equivalencia temática y formal que resulten viables en la generación de un lenguaje audio visual.
Tenemos en la memoria reciente dos casos en que es posible constatar tratamientos de ésta naturaleza: la trilogía de Peter Jackson sobre El señor de los anillos de J.R.R, Tolkien y El perfume de Tom Twayker sobre la novela homónima de Patrick Süskind.
En ambos casos, se trata de adaptaciones que sintetizan de manera precisa los universos de referencia: comprenden con claridad tanto los recursos narrativos empleados por los autores para construir su ficción, como el tema general de las obras, desde un punto de vista que condensa, en imágenes cinematográficas, el poder emotivo de la palabra, construyendo una sintaxis audiovisual independiente en sus medios expresivos, pero esencialmente fiel y acorde al sentido profundo que posee el universo narrativo que les ha servido de base.
Ambas adaptaciones consiguen un valor artístico propio, al establecer la exploración y desarrollo de recursos cinematográficos que son traducción esencial de las necesidades del discurso narrativo literario, permitiéndose descubrir formas de hacer cine, que siendo herederas de la historia misma del lenguaje cinematográfico, lo re-inventan y modifican, ante la urgencia de una resolución eficaz para trasladar un mundo literario.
Lo anterior, demuestra que más que una imposibilidad, el problema con que se ha topado la adaptación de las novelas de García Márquez, tal vez se deba más a una falta de claridad en el tratamiento cinematográfico de quienes lo han intentado, incluido el mismo García Márquez.
En el caso de la película que nos ocupa, la adaptación de El amor en tiempos del cólera, el problema es más aún más elemental. Remitiéndonos a la cita de Einsenstein que encabeza esta columna, en efecto, todo en la adaptación de esta novela, apuesta hacia la convivencia con lo nocivo en términos de capacidad de síntesis y traducción de los recursos literarios del novelista colombiano.
En realidad, el criterio resulta estrictamente comercial, lo que define una adaptación que busca de manera más o menos simplificada y directa, no un tema, sino únicamente una semblanza anecdótica que evoca la novela de manera muy general, trasmitiéndola de manera lo más directa y entretenida posible.
Por ende, la novela en sí misma se vuelve irrelevante, pues importa más construir una historia que resulte redituable en términos de taquilla, estableciendo personajes que únicamente refieren a la novela por su nombre, pero que muestran características que repiten formas ya establecidas y reiteradas por las estructuras de la industria cinematográfica norteamericana.
Tanto la historia como los personajes, van cediendo paso a la arbitrariedad: donde había un padre calculador, ambicioso, estricto, aparece un modelo latino (John Leguizamo) que se muestra como un simpático ladronzuelo astuto, interesado, padre torpe y berrinchudo, que siendo incapaz de dominar a su hija, termina cediendo a sus caprichos; donde había una Fermina Daza con enorme dignidad, inteligente, contenida, conmovedora y entrañable, aparece una niña consentida, berrinchuda, frívola, poco inteligente y cuya extrema simplificación limita sus virtudes a la apariencia física de la actriz que la interpreta (Giovanna Mezzogiorno), quien, acorde con los parámetros ideológicos de la moda, tiene ojos azules… aun cuando García Márquez dedica al menos un párrafo a describir los hermosos ojos cafés de su protagonista; un Florentino Ariza (Javier Bardem), pusilánime, torpe, aniñado, sin carácter…
Esta serie de decisiones francamente nocivas llegan al colmo de la inverosimilitud en decisiones tales como la de emplear un actor distinto para interpretar al joven Florentino Ariza, al tiempo que se decide que la misma actriz interprete a Fermina Daza desde los trece años hasta la vejez, sin que resulte claro por qué en un caso y en otro se cambia o no de interpretes, toda vez que la elegida difícilmente aparenta a una púber y que su ”disfraz“ de la vejez resulta sumamente poco convincente, lo que no deja de sorprender considerando la cantidad de recursos invertidos.
A lo anterior se suma la ausencia absoluta de una búsqueda de recursos cinematográficos que sean la traducción de los recursos narrativos con que está construida la novela. Es más importante, desde la publicidad de la película, la aparición de dos nuevos temas de Shakira, que en realidad resultan más valiosos, en términos de producto comercial, que la película misma.
Ahora bien, en términos de entretenimiento comercial, se cuenta con un equipo eficaz, un director inteligente y buenos actores, que a pesar de todas las arbitrariedades, logran que la historia resulte al menos convincente y medianamente entretenida
Concluyendo, en esta adaptación de El amor en tiempos del cólera, de García Márquez sólo queda el título y el esbozo anecdótico, reduciéndose a ser una película más de consumo de la industria de Hollywood, superficial y voluntariamente cursi, al establecerse en la sensiblería inmediata y complaciente, que evita a toda costa profundizar en las razones de los personajes o en la lógica del ambiente que los rodea, recreándose en la descripción autosatisfecha de un ideal ”romántico y exótico“, tan fácilmente asimilable, como intrascendente.
EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA (EU 2007) Dirigida por Mike Newell / Guión de Ronald Harwood / Producida por SCOTT STEINDORFF / Basada en la Novela ”El Amor en los Tiempos del Cólera“ por GABRIEL GARCIA MÁRQUEZ / Con: JAVIER BARDEM, GIOVANNA MEZZOGIORNO, BENJAMIN BRATT, CATALINA SANDINO MORENO, HECTOR ELIZONDO, LIVE SCHREIBER, ANA CLAUDIA TALANCÓN, FERNANDA MONTENEGRO, UNAX UGALDE, LAURA HARRING, JOHN LEGUIZAMO / Director de Fotografía AFFONSO BEATO / Editor MICK AUDSLEY.
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