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HILOS DE TIEMPO de Peter Brook. (Reseña)

Alberto Ruiz Alvarez











”...el conflicto esencial que llevo toda mi vida intentando resolver: cuándo aferrarse a una convicción y cuándo darla por superada y soltar“.

Peter Brook, Hilos de tiempo.[1]



          



Hilos de tiempo es la autobiografía en la que Peter Brook narra todas sus experiencias que a lo largo de su vida y de su carrera, han sido de vital importancia.



El libro está compuesto por tres capítulos: desde su niñez y su vida como estudiante, pasando por sus primeros intentos en el teatro y en el cine; hasta al encuentro con diferentes personas que movieron su vida de tal forma que, en una insaciable búsqueda por descubrir en sí mismo el ”por qué“ de hacer teatro, crea grandes puestas en escena construidas con técnicas experimentales que él y su grupo comenzaron a proponer. Finalmente, la última parte del libro narra un nuevo giro en la vida de Brook llegando a la creación del Centro Internacional de Investigación Teatral. Aquí es donde Brook desarrolla hasta sus últimas consecuencias, el mar de preguntas que inundan su mente.



Y precisamente, la sensación que prevalece a cada párrafo y en cada reflexión que Brook escribe en su biografía, es la de una incómoda y a la vez excitante dudad de saber si lo que está haciendo es el ”camino“ que debe seguir: ”Me dí cuenta de que en mí estaba despertando un susurro que provenía de cierta fuente desconocida y honda, y de que el sentido de la belleza era inseparable de una tristeza especial, como si la experiencia estética fuese una reminiscencia de un paraíso perdido, que creaba una aspiración... pero no sabía decir qué“.[2]


Mencionar el ”por qué“, el ”para qué“; poder escribirlo o pronunciarlo, tener una seguridad de saber que el camino que se pisa es el correcto, ésa búsqueda de seguridad y de firmeza es lo que acerca a éste gran director de escena con el arte y el mundo entero. Es una pregunta universal de la cual surge un espectro de preguntas que llevarán a más preguntas. Flotar entre cada una de las decisiones que se van tomando en la vida y que construyen al mismo tiempo una carrera profesional sin saber si se está haciendo ”bien“; ése es el hilo conductor que Brook va narrando y que mantiene con gran intensidad. Logra dar a cada anécdota un tema de reflexión que, parecieran construir la respuesta a todo. Sin embargo, Brook deja ver que, cuando pareciera que la respuesta está llegando, aparecen sucesos que dan un giro más a aquella idea casi conocida, dejando ver una cara que no se había visto antes, la cual, modifica todo y crea una creciente necesidad de entender más, aunque eso lleve a más confusión, pero a una nueva posibilidad de conocer. Cómo él mismo lo dice ”No saber no es resignación; es una apertura a la sorpresa“.



Por otro lado, se puede observar que este ”no saber“ que Brook menciona, siempre tiene un referente conocido, es decir, que dentro de su forma de trabajo existe una dialéctica constante. Tesis, antítesis y síntesis, que luego será confrontada con otra tesis más compleja y surgida de la cuidadosa observación de lo ya hecho anteriormente. Brook nos deja ver que, la constante revisión del trabajo enseña que una afirmación siempre lleva a una reflexión de sí misma, la cual crea a su vez, una estructura más compleja y permite ver un funcionamiento orgánico de las cosas. Por otro lado, como narra en su experiencia como director de Ópera, una afirmación sin reflexión sólo lleva a un acartonamiento.



La diferencia entre estas dos ideas es el propósito que persigue cada una de ellas: ”Gozosamente, he intentado conducir a otros o he intentado hacer cosas yo solo, e inevitablemente esa actitud ha tenido que inclinarse ante la siempre incómoda verdad de que tan sólo empezamos a existir cuando servimos a un propósito situado allende nuestros propios gustos y aversiones“.[3]



Como conclusión, podemos decir que, a nivel general, este libro deja ver que la búsqueda del propósito es el propio camino que hay que pisar, el cual es desconocido, y que se revela si la necesidad real de conocerlo está en el corazón de quien dice querer encontrarlo. Pareciera ser que, si el deseo es real, las personas exactas llegan y las decisiones llegan a su justo tiempo de ser tomadas, pero es necesario, parafraseando a Brook, estar preparado para recibir esas decisiones y no dejarlas pasar, dejando una historia para que luego ”otro la pueda recoger algún día“.[4]


[1] Brook Peter, Hilos de tiempo, p. 18



[2] Brook Peter, Hilos de tiempo, p. 26



[3] Brook Peter, Hilos de tiempo, p. 284



[4] Ibidem.


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