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Entrevista al director Mauricio Jiménez



El Teatro como un compromiso de vida

(Segunda parte)

Esteban Montes

Transcripción: Alberto Ruiz




¿Cómo seleccionas el material dramático que planeas llevar a escena?

Qué decir, esa es una de las partes fundamentales: qué decir. La otra que me importa mucho son los sueños, descubrir cuál es ese trasfondo, qué es eso que te mueve en la vida. Por supuesto, para existir necesitas paciencia. Para poder entender qué es lo que está pasando necesitas paciencia, necesitas, de verdad, una mesura absoluta. Cosa que yo nunca tuve. Nunca tuve una educación de espera. Y ahora, tal vez eso se refleja hasta en mi cuerpo, hay una necesidad de detenerme para observar, para observar hacia dónde se está moviendo, con menos desesperación; que no quiere decir con menos pasión. Hay una exigencia y, por supuesto, te mueres cada vez que estás montando algo que te duele. El hecho de que te rías por una cosa tan siniestra como es un asesino, que puedes contemplarlo en escena: cómo prepara su discurso, como ensaya su crimen, puede ser muy divertido pero te está desgarrando interiormente. Esa facultad de doble discurso es una herencia teatral, es una paradoja que te hace vivir muy bien, que te hace gozar. El actor entre más sufre en el escenario más goza en la vida. Y la ficción es maravillosa porque te permite hacer cuanta barbaridad quieras. Puedes matar a tu madre, violarla muerta, violarla viva, matar a tu padre, violar a los niños; y si lo haces en ficción y si lo haces bien, te aplauden. No lo hagas en al acera y no andes ahí haciendo pendejadas en la vida porque te matan, te mueres, te encarcelan. En el mejor de los casos. Ya vemos como la puta impunidad se vive en este país.

En relación a tu último montaje (Estado de Secreto) se nota claramente una idea de lograr un objetivo en relación al personaje, a la situación que se está planteando. ¿Cómo es tu estrategia en ese sentido?

Si. Primero hay un estudio más o menos lento, más o menos dilatado. Me refiero a estudiar claramente qué es lo que quieres ver en los personajes, hacia dónde van. Ponerse de acuerdo con el actor; elegir al actor que tu crees que puede conducir esa trayectoria, o bien, que te puede dar luz sobre eso que estas pensando. A veces el director no las tiene todas consigo y en mi caso, por ejemplo, como nunca las tengo conmigo, lanzo siempre una propuesta muy abierta para descubrir por dónde podría ir el trabajo. Por ejemplo: hago mucho el ejercicio de una acumulación indiscriminada o imágenes sobre una propuesta, que después pues vamos discriminando, las vamos seleccionando claramente. Pero esto lo vamos haciendo entre todos.

Cuando hay un buen grupo es muy eficaz, es muy benéfico para el montaje y recibes muchas cosas. Cuando no hay un grupo aglutinado pues nada más dispersas más al grupo y entonces tiene mas problemas para poder resolver ese problemita en el que te metiste.

Pero a fin de cuentas, cuando hay una guía tan grande como es la de Usigli, en el caso de Estado de secreto, por más que uno intente hundir el barco, ese galeón sale a flote, él sabe por dónde ir y entonces te dice, “mira manito el camino va por acá”. Y hay que ser absolutamente humilde y como bien se dice: ante la duda, ante la falta de claridad, hay que inclinar la cabeza.

¿Qué proyectos tienes a futuro?

A nivel profesional: estoy intentando hacer una adaptación que tenga como base principal el ir y venir de los trenes olvidados, de los trenes que ya no tenemos. El tema creo que nos importa a todos. ¿Por qué no tenemos un tren? ¿Por qué no nos llevan? ¿Por qué en todos los países, los trenes son parte fundamental? ¿Por qué en México no es parte fundamental? Seguramente es parte del retraso que tenemos. Yo creo, indudablemente, que fue una estupidez lo que hizo el gobierno de Zedillo, indudablemente. Creo que es parte del trajín de la vida, es más, supongo que en esencia –y lo aventuro como locura– el tren es una invención de los sueños, es una necesidad de la existencia, es un ser, una concreción de los sueños del ser humano. Estas vías, este poder dormir, poder trajinar en la noche, en la oscuridad, en la mañana. Poder leer, poder comer en esos vagones... hay algo esencial que quiero descubrir; a lo mejor no hay nada pero, bueno, para eso me pagan y lo voy a intentar.

La otra es, que a través de los trenes puedes contar la historia de un país como es México. Por supuesto, grandes autores como Fernando del Paso han logrado en “José Trigo” hablarnos de esto en esencia. Elena Poniatowska  en el libro que acaba de ganar el “Rómulo Gallegos” (El tren pasa primero, Alfaguara, 2005), habla exactamente de un momento muy importante de la vida de México, cuando los trenes eran esencia de este país. Ese es mi proyecto. Y lo estoy haciendo en una vieja estación del tren, en Querétaro. Entonces, espero que ahí resulte. Y lo que queremos es ir a las viejas estaciones del ferrocarril... para hablar de esos sueños, para hablar de este país, para hablar de nosotros. Mi abuela me regañaba mucho, me decía: Bueno y tú ¿Para qué crees que se hizo la Revolución? Es para que tu y yo, después de trabajar e ir a la escuela, a las seis de la tarde saquemos unas sillas, veamos cómo atardece y platiquemos cómo nos fue en el día, para que tranquilos, estemos hablando tu y yo. Para eso se hizo la Revolución.” Ahora, ve tú a saber si para eso se hizo. Yo veo cosas distintas que ella, pero ese me parece un muy buen pretexto para matar alguien: que no te deja platicar con tu abuela.

¿Cómo es que llegaste a Querétaro?

Eso es fundamental. Yo soy casi inglés pero nací en Cuautla, Morelos. Soy hijo de una secundaria llamada: Cuitláhuac, que está ubicada en un territorio muy pequeño de Morelos, a un lado de Cuautla. Y había que atravesar muchas aventuras antes de llegar a la escuela. A mí me gusta mucho México, la esencia de México y siempre he tenido la ambición de montar en cada uno de los estados, algo representativo de ese estado, algo esencial de ese estado, para contarme, para contarnos, para hacer propio un problema de lo que hemos vivido. Por ejemplo: nos va la vida en la existencia de la Virgen de Guadalupe como símbolo, es parte esencial, es parte fundamental de la vida mexicana; es la constitución del ser mexicano, más allá del milagro o de la aparición o no, el hecho de creer en ella, el hecho de tomarla como un estandarte, como una patria. La conquista nace ahí, el hecho de la conquista es esencial porque hace nacer ese mestizaje. La Virgen de Guadalupe no es otra cosa que la esencia del mestizaje, ahí está centrado. Una virgen trasterrada y llegada a un territorio en donde somos más católicos que el mismísimo Papa, que cualquiera de los españoles, más místicos que cualquiera de ellos. Y entendemos como esencia el tomar la virgen como propia, como identificación. Entonces, montar una obra sobre la conquista es hablar de un territorio llamado México. Hablar de una poeta como Concha Urquiza, nacida en Morelia. Y montar en Morelia, o montar en donde ella escribió buena parte de su obra, que fue en San Luis Potosí, era parte de mi proyecto. Ya lo hice, ya hice ese acercamiento a Concha Urquiza. El hablar de Maximiliano y Carlota como lo hizo Usigli o como lo hace Fernando del Paso en Querétaro; es decir, hablar en el sitio de la tragedia es uno de los proyectos. Hablar en Yucatán de Carrillo Puerto, es un proyecto que valdría la pena arriesgar; hablar de lo que ha sido representativo, de lo que es significativo y simbólico de lo que es este territorio. O de los extranjeros que han venido a morir aquí o que no han muerto aquí sino que han dejado su vida aquí, como son estos locos tanto Maximiliano y Carlota o Malcolm Lowry, en Cuernavaca. O un Oaxaca inventado o una Cuernavaca inventada, para hablar de la existencia de la humanidad, como hizo D.H. Lawrence llegando a Oaxaca, en esa cosa que se llama La serpiente emplumada. Armar algo sobre eso, cómo nos miran y cómo nosotros podemos aprender de esa mirada. En fin, creo que las vertientes de pensamiento más inteligentes, lúcidas y propositivas de una existencia más excitante, de una existencia más enervada, de una existencia más pasional, de una existencia más intensa, la tienen los poetas. Y que mejor poeta que Sor Juana o Sabines o cualesquiera de nuestros grandes dramaturgos empezando por Rodolfo Usigli. Y creo que Shakespeare a fin de cuentas es nuestro, si queremos hacerlo nuestro; Koltès, si queremos hacerlo nuestro, es nuestro. Tenemos es facultad los mexicanos, una capacidad de observación muy fuerte, tomamos las cosas como si fueran propias.

En otras entrevistas que he realizado; hay directores que comentan que en México no hay dramaturgos. Y se quejan de que en México no hay muchas cosas. Pero me parece muy interesante, porque es la primera vez que escucho a alguien... a favor. Y que tiene visión de crear una nación a través del teatro, como estar viendo la cuestión de descubrir quiénes somos, dónde estamos...

Todos los autores los hemos hecho mexicanos. Culpa de eso lo tienen, por supuesto: Héctor Mendoza, Julio Castillo, Luis de Tavira, Raúl Zermeño, todos ellos nos han mal educado; Ludwik Margules lo último que hizo con el famoso Camus. Un francés hablando de un problema en ruso y retrotrayendo todo el problema en México y resulta que todo eso quedaba justísimo para lo que estábamos viviendo en el momento de vida hace seis años. Nos damos cuenta de que ahí está el punto del teatro. Es una nación, es un territorio, es un lenguaje, como hablar alemán o como hablar inglés, es un lenguaje universal, es un lenguaje que te permite transportar tu pensamiento, incluso en silencio. Y eso es lo más grave y lo más festivo en este lenguaje que es el teatro, la telepatía. Cuando logras hacer propio el discurso de Shakespeare y lo haces tú en español, con lo que es tu vida y lo transportas al otro lado. Es ese momento te conviertes en un dramaturgo a la altura del más grande de los dramaturgos. Estamos hablando de grandes actores y de grandes actrices, no de pendejadas televisivas.

Muchas gracias.



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