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El Ápeiron según la noción de Anaximandro es la esencia primigenia de donde surge todo. Es en torno a esa Esencia que nos agrupamos: no somos nosotros lo importante sino lo que nos mueve, lo que podemos descubrir, la organicidad latiendo bajo las cosas…
Ápeiron Teatro surgió de una manera curiosa porque, realmente, fue una elección que hicimos al momento de decidir trabajar más allá de las aulas. El objetivo: conocer, comprender, desarrollar. No había otro proyecto, sólo el amor a la materia y el trabajo sobre los dramas que estableció por sí mismo el trabajo sobre la escena.
Funcionamos por reconocimiento: uno mira en el otro rasgos que reconoce; se descubre a un semejante, alguien de quien se puede decir: conozco tus sueños, sé cómo sientes, cómo piensas y entonces… todo funciona con exactitud. Entonces es llamado. Hay veces en que la gente solicita ser aceptada y por lo general no permanece… acercarse seducido por los resultados sobre la escena, no siempre permite comprender que ese resultado parte de una necesidad que implica un largo proceso que es necesario construir. La naturaleza abomina de lo que no es orgánico y el teatro abomina de lo que no sirve al propósito para el que fue hecho.
Somos un equipo de personas para quienes pensar y reflexionar es parte fundamental de su concepción de la vida. No llevaríamos a escena obras que hubiera que recortar porque nos gusta comprender el misterio de su grandeza, desentrañarlas para estar a su altura. Creemos que las cosas tienen una esencia y que el adentrarnos en ella, descubrirla, experimentarla es lo que posibilita la experiencia vital, el conocimiento, el crecimiento.
Somos distintos, profundamente, y complementarios, estamos aprendiendo a serlo: aire, fuego, agua y tierra son los signos de los cuatro fundadores. Nos une el propósito. El propósito obliga al descubrimiento orgánico. Nos importan las esencias, creemos que lo universal existe, de igual manera que lo histórico existe, que lo individual existe.
No buscamos ni queremos que el espectador entienda lo que quiera: la polisemia surge de una lectura elemental, no metódica. Si las grandes obras tocan a todos, existe en todas una dimensión monosémica, que es la verdad, que es la belleza, que es el amor.
Secta nos han llamado algunos que nos miran desde afuera, pero sectario es todo aquel que tiene una ideología que plantear, un discurso; quien dice secta se asume afuera y distinto de una circunstancia ajena, porque, desde luego, tiene la suya propia a la cual se entrega y a la que pertenece.
Al fin de cuentas, para nosotros lo importante es la pasión para hacer arte. La pasión es la esencia de quien busca, su fuerza, su motivo, su huella. A quien opina que un creador escénico no puede pensar en teatro todo el tiempo, habría que preguntarle: ¿cómo puede ser entonces? ¿Si un creador ve de acuerdo con lo que es, cómo podría sustraerse de lo que es?
Desde luego, en este grupo queremos ser vistos y escuchados, pero no porque nos importe ser famosos. Somos el medio para expresar lo que entendemos. Somos un organismo vivo. Disfrutamos generando el silencio en quien nos escucha pues ese es un momento sagrado: aquel en el que todos estamos asumiendo algo ante lo que compartimos la misma conmoción, el mismo susto. Entonces somos iguales. Estamos juntos en la contemplación activa de un hecho que nos vincula, que nos hermana… y efectivamente existe algo de sagrado en ello. Pero no sagrado en el sentido de la religiosidad. El teatro bien hecho es sagrado por su eficacia en expresar la vida, no así las religiones que acaban siendo dogmas. Toda obra de teatro implica descubrir de nueva cuenta el mundo, preguntarse, inquirirse honestamente y valerosamente, como ha de responderse a la exigencia con que cada obra pide realizarse a partir de lo qué quiere decir. Así, buscamos siempre medios acordes con quienes somos y nuestra línea de trabajo depende del objetivo general.
Esta página que ahora lees, es un espacio de experimentación. No hay más límite que la conciencia reflexiva. Es un espacio abierto al diálogo, como lo es toda creación. Un artista se comunica con gente a la que no conocerá, aunque todo lo que hace, sea hecho en nombre de ella.
Este esfuerzo de creación, de reflexión, de diálogo se hace para ti que lees estas palabras, que estás ahí compartiendo esto que tenemos que decir. Por nosotros, para ti, es este esfuerzo. Este es tu espacio. Es esta nuestra invitación al diálogo.
En el arte nunca se llega a un lugar único, definitivo, todo es una búsqueda. Y en ese espacio imposible que el arte crea, Todos somos el mismo: la única respuesta.
Fernando Martínez Monroy
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